Aprendiendo de los errores… la ciencia avanza

Podríamos decir que gran parte del conocimiento que poseemos en la actualidad también es fruto de muchos errores.

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«Aprendemos de nuestros errores. La ciencia progresa mediante el ensayo y el error” (Alan Chalmers . Qué es esa cosa llamada Ciencia, 1984, p. 66).

Tomando como base estas palabras del físico y filósofo de la ciencia británico, que representan una corriente de pensamiento puntual, podríamos decir que gran parte del conocimiento que poseemos en la actualidad también es fruto de muchas “metidas de pata”. Pero esto no es solo una cuestión de frases y de filósofos… Si pensamos en el método científico, el mismo se basa en proponer hipótesis sólidas e intentar confirmalas, negarlas o ampliarlas, considerando que nunca se podrá confirmar en forma definitiva que una hipótesis es verdadera. Si la demostración derriba la hipótesis, entonces habrá que proponer otra y comenzar nuevamente, descartando la hipótesis inicial equivocada. Es decir, el error es parte del método…

A lo largo de la historia de la Ciencia, que es interesantísima y muy basta, han ocurrido muchos “errores”; y conceptos que hoy sabemos son erróneos, han perdurado por años. Pero luego… ¡zas!, un descubrimiento tiró por tierra todo lo conocido, sobrevino la crisis y en algunos casos, un cambio de paradigma. Ejemplos hay muchos: heliocentrismo derribando al geocentrismo, la teoría del flogisto vs la combustión, creacionismo vs evolución, y muchos otros casos…

En fin, para avanzar en el conocimiento los científicos tienen que aprender de los errores, pensar distinto, replantearse todo lo conocido hasta el momento y, sobre todo, tienen que asumir riesgos y ubicarse en nuevos paradigmas. Sin embargo, no se puede obviar lo siguiente: errar siempre tiene algún costo e impacto.

Revistas antiguasLuego de tanta reflexión filosófica te estarás preguntando hacia dónde va este post. Hace un tiempo me regalaron unos tesoros históricos -para mí- que estaban a punto de pasar a mejor vida. Se trata de ediciones originales de los años ‘50 y ‘60 de la revista “Ciencia e Investigación”. Es una revista argentina de comunicación científica especializada patrocinada por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias que aún se edita. Hojear sus páginas fue como viajar en el tiempo, recorriendo los avances científicos de la época y sus experimentos. Entre sus páginas no solo me detuve en los “nuevos”, hoy viejos, reportes, sino en su pauta publicitaria, y en qué cosas se promocionaban y cuáles no. Viéndolos se me ocurrió este post, porque en ellos encontré que muchas de las cosas que se “promocionaban” en aquella época, hoy sabemos no generan tal o cual efecto o hay que tener precauciones, e incluso pueden resultar muy perjudiciales… Sobre algunas de ellas les contaré.

Los primeros antibióticos

Sulfas mas flecha
Publicidad tomada de la revista Ciencia e Investigación, edición de octubre de 1953.

Aunque muchos suelen pasarlo por alto, hoy sabemos que no se pueden tomar antibióticos así por qué si ante cualquier dolencia. Los mismos deben tomarse bajo prescripción médica y, si es posible, habiéndose identificado el tipo de bacteria causante de la patología infecciosa. ¿Por qué? Una de las principales razones es el desarrollo de resistencia.

¿Qué es la resistencia bacteriana a los antibióticos? Tomar de forma indiscriminada antibióticos hace que ciertas bacterias que son resistentes al fármaco –por diversas razones– sean seleccionadas y su población se vuelva mayoritaria frente a las bacterias que no lo son. Es así que con el tiempo el fármaco deja de tener efecto. Pero este hecho se desconocía en los años 30, 40 y 50. Es más, ni siquiera había un dominio absoluto de los antibióticos.

Lederkyn
Publicidad tomada de la revista Ciencia e Investigación, edición de agosto de 1961.

Remontémonos a la historia. La penicilina fue descubierta en el año 1928, pero recién fue purificada casi 10 años después, en 1939, y comenzó a producirse de forma masiva en EEUU, a mediados de los años 40. ¿Por qué les cuento esto? Antes de este famoso antibiótico existieron otros distintos, no tan efectivos y más tóxicos, pero aún así muy difundidos y ampliamente utilizados para un gran número de dolencias. Me refiero a las sulfamidas o drogas sulfas, que fueron los primeros agentes antimicrobianos usados para curar infecciones bacterianas (después del salvarsán, un compuesto con arsénico que se empleó contra la sífilis). Sobre este tipo de compuestos encontré publicidades en dos ediciones diferentes de esta revista que reflejan el amplio uso y confianza de la época.

SulfamidasEstos compuestos son sintéticos y fueron fabricados por primera vez como colorantes por la industria química alemana I.G Farben en 1932. Son una gran familia de drogas que actúan interfiriendo la capacidad de las células bacterianas para sintetizar el ácido fólico, compuesto fundamental para el crecimiento bacteriano. Los seres humanos no resultan afectados en este punto, ya que no pueden sintetizar ácido fólico y deben obtenerlo de la dieta. Son análogos del ácido p-aminobenzoico y son todos agentes bacteriostáticos, es decir, inhiben el crecimiento de las bacterias. Por ser el primer antibiótico y el único efectivo disponible en los años previos a la penicilina, las sulfonamidas continuaron prosperando a través de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Pero se utilizaron con tanta frecuencia y de forma irrestricta que la resistencia bacteriana se desarrolló ampliamente y de forma muy rápida.

Hoy en día su uso ha disminuido drásticamente debido a la existencia de muchas especies bacterianas que han desarrollado resistencia y, además, los efectos secundarios indeseados de las mismas, como las alergias y su toxicidad renal, por ejemplo. Solo se utilizan en infecciones graves del tracto urinario y en combinación con otras drogas. Como vemos, he aquí varios errores cometidos y al parecer, de muchos de ellos aún no hemos aprendido.

Organoclorados por doquier

OrganocloradosComo puede observarse en esta ingenua publicidad tomada de una edición de octubre del año 1956, los plaguicidas como el lindane o lindano (1,2,3,4,5,6-hexaclorociclohexano) y el DDT (diclorodifeniltricloroetano) eran muy promocionados y vanagloriados. Sin embargo, hoy en día, 60 años después, algo así causaría estupor. ¿Por qué?

Los organoclorados conforman un grupo de pesticidas artificiales desarrollados principalmente para controlar las poblaciones de insectos plaga. Su origen se remonta a la fabricación del DDT en 1943. Los organoclorados son, en esencia, hidrocarburos con alto contenido de átomos de cloro.

El DDT fue casi un símbolo de veneno químico. Éste junto a muchos otros organoclorados matan a los insectos por contacto, afectando su sistema nervioso. Pero su efecto tóxico, luego de ser aplicado, se conserva durante años debido a su difícil degradación y su gran acumulación en el tejido animal, característica ésta que comparte con los demás integrantes del grupo. Su acción no es selectiva, su aplicación provoca no sólo la muerte inmediata y masiva del insecto plaga, sino también la de insectos benéficos, y a mediano y largo plazo, la de infinidad de otros organismos (peces, aves y mamíferos).

Aldrín, clordano, dieldrín, endrín, heptacloro, lindano y toxafeno son organoclorados integrantes de la llamada “docena sucia” que engloba a aquellos pesticidas que más problemas ambientales han generado.

Actualmente los organoclorados están prohibidos en casi todo el mundo. En el best seller Primavera Silenciosa, de 1962, Rachel Carson exponía todos los peligros ecológicos del DDT. Aunque su autora no llegó a verlo, ya que murió pocos años luego de su publicación, su libro sería el puntapié inicial para que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) prohibiera este compuesto en 1972 y muchos países lo hicieran también. Fue la base, además, para la creación del principio precautorio, un elemento fundamental en cuestiones ambientales. El mismo menciona que cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente. Es decir, “mejor prevenir que curar”.

Me quedaron varias historias como estas en el tintero. Solo resta decirles que no tenemos certezas, y eso es lo que intenté transmitirles. En palabras de Adams Chalmers “si llamamos al complejo de las teorías científicas generalmente aceptadas y bien establecida en alguna etapa de la historia de la ciencia CONOCIMIENTO BÁSICO de esa época…” podemos decir que ese conocimiento puede estar equivocado y no está de más dudar de vez en cuando, para que ese conocimiento pueda realizar avances.

Fuentes consultadas:

-Qué es esa cosa llamada Ciencia. Alan, Chalmers, 1984.
-Brock. Biología de los microorganismos. 10º Ed. ADDISON-WESLEY.
-Introducción a la Microbiología. II. John Ingraham & Catherine Ingraham. Ed. Reverté.
-Lozano Valdéz, D, Larrondo Muguercia, H; Herrera Torres, M. L.; Rivero Arias, E.; Zamora Marín, R.; y Araujo Praderes L. P. Penicilinas. ACTA MEDICA 1998;8(1):28-39.
web archivo.losandes.com.ar
web infecto.edu.uy
web cricyt.edu.ar

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