Serendipia, descubrimientos científicos por… ¿casualidad?

La capacidad de ver que los resultados inesperados pueden ser significativos y sentir curiosidad por estudiarlos y explicarlos debería ser parte de la sagacidad de los que hacen ciencia.

A finales de la década del 1950, una enfermera de un hospital de Inglaterra se dio cuenta de que cuando los bebés eran colocados cerca de las ventanas, y les daba la luz, su ictericia (coloración amarillenta de la piel y las mucosas que proviene de un exceso de bilirrubina) se desvanecía. Tras el informe de esta atenta enfermera se iniciaron investigaciones. Se demostró que el componente ultravioleta de la luz del sol bañando la casi transparente piel de los bebes convertía la bilirrubina (el pigmento amarillo que se encuentra en la bilis y se forma por la degradación de la hemoglobina) en una forma excretable.

Créditos: pixabay.

Hoy día, la irradiación de los niños con luz ultravioleta ha llegado a ser una práctica normal en los hospitales para curar o prevenir la ictericia del recién nacido.

Este y muchos otros más, son ejemplos de serendipia que expone Royston M. Roberts en su apasionante libro “Serendipia: Descubrimientos accidentales en ciencia”.

 

Hallazgos accidentales

La palabra serendipia viene de serendipity, en inglés, y se refiere a un “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”, según la RAE.

En 1754, Horace Walpole utilizó por primera vez la palabra “serendipia”. Le impresionó una historia que había leído titulada “Los tres príncipes de Serendip“. Serendip es un nombre antiguo para el país conocido hoy día como Sri Lanka (Asia del sur). La historia describe cómo tres príncipes viajantes hicieron repetidamente descubrimientos sobre cosas que no habían planeado explorar o que los sorprendieron. Así, Walpole genera el término “serendipia” para referirse a descubrimientos accidentales.

“El descubrimiento consiste en ver lo que todos han visto y en pensar lo que nadie ha pensado”. Albert Szent-Györgyi.

La lista de descubrimientos ‘fortuitos’ en la ciencia es larga. Uno de los más comentados es el descubrimiento del primer antibiótico por Alexander Fleming; la penicilina. Aquí me gustaría desarrollar otro ejemplo que me ha llamado la atención. Es sobre cómo surge la vacunación; una práctica sanitaria fundamental que está siendo cuestionada sin ninguna evidencia científica. Ninguna.

Variolae vacciniae

Hasta el siglo XIX, la viruela fue una de las enfermedades infecciosas más preocupantes que sufrió la humanidad. Se dice que ha acumulado más muertes que la suma de las víctimas de la peste y la malaria. Es causada por el virus Variola major, que infecta al ser humano. Se disemina fácilmente entre personas y los síntomas se parecen a los de la gripe (fiebre alta, fatiga, dolores de cabeza, dolor de espalda) junto con erupciones y formación de llagas rojas en la piel. ¿Qué tiene que ver esto con la vacunación? Veamos.

Edward Jenner nació en Berkeley, Inglaterra, en 1749. Desde pequeño mostró cierto interés por la historia natural y comenzó sus primero estudios de medicina cerca de la cuidad de Bristol. Durante esa época, una antigua ordeñadora de vaca le dijo que ella nunca podría tener la enfermedad de viruela, pues había tenido la vicinnia (término que se usa para designar la ‘enfermedad de la vaca’ y que ahora sabemos que se refiere a la viruela bovina). Esa idea la recordaría más adelante y le permitiría avanzar en la lucha contra la enfermedad.

Jenner observó que las recolectoras de leche adquirían ocasionalmente una especie de viruela bovina (una variante leve de la mortífera viruela humana) por el contacto continuado con estos animales, y que luego quedaban a salvo de enfermar de viruela común. Comentó esta observación con John Hunter, un famoso médico de Londres, pero éste mostro poco interés.

Viñeta satírica de James Gillray (1802) que muestra a Edward Jenner administrando vacunas contra el virus de la viruela bovina (créditos: James Gillray).

En 1775, Edward comenzó a investigar y, cinco años más tarde ya sabía que había al menos dos variantes de la viruela. Tomó sustancias de las erupciones de personas enfermas de viruela bovina e inoculó este fluido en el brazo de un niño de ocho años. Me pregunto cuan desesperados estarían el niño y sus padres para acceder a esto… El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela bovina y cuarenta y ocho días más tarde, después de que se hubiera recuperado completamente de la enfermedad, Jenner le inyectó una segunda dosis, ahora la viruela humana. Esta vez no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad.

Actualmente, la viruela se considera una enfermedad erradicada desde 1980. No tiene tratamiento específico y las únicas formas de prevención son la inoculación o la vacunación. 

Una nota intersante, durante casi un siglo, el método de inoculación de Jenner fue el único procedimiento de inmunización contra cualquier enfermedad.

El papel de la serendipia

Muchos descubrimientos en la ciencia son interesantes y significativos. Se descubre una parte de la naturaleza que está ‘oculta’, hasta que una científica o científico utiliza procedimientos adecuados para revelarla.

Cuando se habla de serendipia en relación con la ciencia, “casualidad” no significa que la naturaleza se esté comportando de manera caprichosa. Significa que un investigador ha hecho un descubrimiento inesperado debido a los procedimientos específicos que eligió seguir en su experimento. La ciencia tiene normas epistémicas específicas sobre los métodos y tipos de observaciones que pueden producir conocimiento.

Si bien los pasos y las condiciones en un experimento son factores que operan en las ciencias experimentales, la capacidad de ver que los resultados inesperados pueden ser significativos y sentir curiosidad por estudiarlos y explicarlos debería ser parte de la sagacidad de los que hacemos ciencia.

Trébol
Créditos: pixabay.

Volviendo al principio, si la enfermera inglesa no hubiese prestado atención e informado que los bebes que estaban más cerca de la ventana no mostraban coloración amarillenta en sus pieles, quizás, no se hubiese investigado y avanzado en el conocimiento sobre la ictericia.

Para terminar, me encanta esto que dice Roberts en el epílogo de su libro: “La persona que solo ve los resultados esperados y desprecia los inesperados como ‘erróneos’ no hará descubrimientos”.

Bibliografía consultada

-Roberts, R.M. 1992. “Serendipia: Descubrimientos accidentales en ciencia”. Alianza Ed. Madrid. 443 pp.
-On serendipity in science: discovery at the intersection of chance and wisdom

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