Wētās: los ortópteros gigantes de Nueva Zelanda

Originarios de Nueva Zelanda y estrechamente emparentados con los grillos, las langostas y los saltamontes; los wētās no solo resultan los insectos más grandes y pesados del mundo, sino que, además, sobreviven a los fuertes inviernos en estado de suspensión animada.

Creditos - Department of Conservation NZ

Hablar de los insectos y evitar parecer exagerada resulta difícil. Los insectos son un grupo tan diverso y abundante de animales que su biodiversidad es sorprendente. Para darles una idea… se conocen alrededor de un millón de especies, lo que representa un número semejante a tres veces el resto de los animales todos juntos.

De toda esta enorme diversidad existen miles de historias para contarles; la del Wētā gigante es una de ellas. Se trata de un insecto estrechamente emparentado con los grillos, las langostas y los saltamontes, todos pertenecientes al grupo de los ortópoteros. Los wētās pueden parecer atemorizantes al principio pero, si los observamos detenidamente, son criaturas fascinantes.

“Dioses de las cosas feas”

Originarios de Nueva Zelanda, los wētās son grandes ortópteros nocturnos que no tienen alas (ápteros). Los ortópteros son un linaje de insectos que se caracterizan por tener las patas posteriores grandes adaptadas para el movimiento mediante saltos, y un aparato bucal masticador que le permite alimentarse de hojas.

Hay más de 70 especies de wētā en Nueva Zelanda, y, llamativamente, se siguen descubriendo nuevas. Una de las tres especies perteneciente a los llamados “weta de colmillos” fue descubierta a fines de los años ochenta por el experto en lagartos Tony Whittaker, en la isla de Mercurio. Años más tarde, en 1995, fue descubierta otra especie en la costa este de la Isla Norte.

Su nombre vulgar – wētā – proviene de la abreviación de la palabra maorí wētāpunga dada a los wētā gigantes y significa “dios de las cosas feas”. El nombre del género, Deinacrida, por su parte, significa “saltamontes terrible”. Proviene de la palabra griega δεινός –deinos-, que significa “terrible” o “terriblemente grande”, al igual que dinosaurio significa “lagarto terrible”. Como es evidente, ambas denominaciones aluden a la primera impresión que causa verlos.

Los wētā se distribuyen en una variedad de hábitats, incluidos pastizales, arbustos, bosques y cuevas. Excavan agujeros debajo de piedras, troncos podridos o en árboles, u ocupan madrigueras preformadas. Son de hábitos nocturnos, principalmente herbívoros, pero también se sabe que comen insectos.

Si bien el video está en inglés, podrán observar la majestuosidad de estos animales:

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El más grande y pesado de todos

En función de sus hábitats, hay cinco grandes grupos de wētās: los de los árboles, los de tierra, los de las cuevas, los de colmillos y, por último, los Wētā gigantes.

De las 11 especies de wētā gigantes, Deinacrida heteracanthawētāpunga– es la más grande de todas. Se encuentra entre los insectos más grandes y pesados del mundo, pudiendo llegar a medir entre 15 y 20 cm con sus patas estiradas. Una hembra cautiva alcanzó una masa de aproximadamente 70 g, lo que la convirtió en uno de los insectos documentados más pesados del mundo. ¡Setenta gramos!, más pesado que un gorrión.

Aunque este animal se distribuyó originalmente a lo largo de la isla norte de Nueva Zelanda, Auckland y la Gran Isla Barrera (Aotea), la especie solo ha sobrevivido en Hauturu-o-Toi / o isla pequeña barrera.

Mike Locke – Giant Weta flickr.

Estos animales son muy antiguos y se estima que evolutivamente surgieron hace unos 190 millones de años. Aunque su comportamiento y dieta son bastante diferentes, cumplieron el papel de roedores antes de que los mamíferos terrestres llegaran a Nueva Zelanda. El tamaño de este tipo de wētās se debe a un gigantismo desarrollado en la isla, conocido como gigantismo insular, donde prosperaron sin ninguna competencia, aprovechando el aislamiento y la falta de depredadores.

Respecto a su ciclo de vida, pueden vivir hasta dos años. Alcanzan la edad adulta aproximadamente luego de los 14 meses, y comienzan a reproducirse 1 a 2 meses después de su madurez. Presentan dimorfismo sexual, siendo las hembras son más grandes que los machos.

En 2011, el investigador del Instituto Smithsoniano, Mark Moffett se topó con un wētā gigante en un viaje a la Isla Pequeña Barrera. Y una fotografía de él, alimentando al enorme insecto con una zanahoria, se volvió viral . Más tarde, un experto en insectos de Nueva Zelanda señaló que alimentar a los insectos con zanahorias es bastante común.

En peligro

De las más de 70 especies de wētā en Nueva Zelanda 16 están en peligro de extinción. Muchas de las especies gigantes ahora solo sobreviven en tierras protegidas y poco se sabe sobre su distribución pasada. La disminución de la mayoría de las wētā se debe a tres causas principales:
Depredación: los Wētā han evolucionado junto a depredadores nativos como aves, reptiles y murciélagos. La introducción de depredadores como ratas, mustelidos, gatos y erizos ha resultado en un fuerte aumento en la tasa de depredación.
Destrucción del hábitat: causada por impactos humanos.
Navegantes: Modificación del hábitat causado por ellos.

Particularmente, el nicho ecológico de estos insectos se empezó a reducir cuando los polinesios introdujeron el kiore (rata del Pacífico) en Nueva Zelanda y los europeos llevaron ratas europeas en sus barcos.

Todas las especies de wētā gigantes, excepto una, están protegidas por ley porque se consideran en riesgo de extinción. Para ayudar a salvaguardar a estos insectos, actualmente existe un Grupo de Recuperación de los Wētās cuyo objetivo es establecer varias poblaciones alrededor del golfo, asegurando la supervivencia de la especie y su seguridad a largo plazo.

Recientemente, han llevado adelante programas experimentales de cría en cautividad donde, a partir de pocos ejemplares capturados de wētāpunga, realizan reproducciones y luego liberan ejemplares adultos en islas protegidas consideradas libre de pestes. ¿Qué significa esto último? Se trata de islas donde no hay mamíferos predadores como ratas y ratones, algunos lagartos e incluso algunas hormigas nativas de Argentina que resultan devastadoras.

Foto tomada en el museo de Kaikoura, Isla sur NZ.

Casi congelados… pero vivos

Durante el invierno, estos animales entran en un proceso conocido como criptobiosis mediante el que pueden hacer frente a las bajas temperaturas, próximas a los 10 grados bajo cero. Gracias a esta capacidad, los wētās pueden hibernar en un estado de suspensión animada, similar a la muerte. En este proceso la hemolinfa no se congela y los protege a gracias a la presencia de sus crioprotectores como el discárido trehalosa. Estas sustancias se sintetizan durante el otoño, de cara al frío invierno, y su concentración disminuye de nuevo en primavera y verano. Además, el hecho de “parecer muertos” durante su etapa de criogenización los defiende de los depredadores. Al comienzar su proceso de criptobiosis, el wētā se tumba sobre su espalda con las piernas extendidas, las garras expuestas y la mandibula abierta de par en par.

Puedes observarlo en este video:

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Estos insectos representan una parte de la majestuosa biodiversidad mundial. Ojalá podamos seguir disfrutándola, más allá de los enormes impactos generados día a día por nuestras actividades.

Bibliografía consultada

www.doc.govt.nz
https://eol.org
Insect Biodiversity: Science and Society. Edited by Robert G. Foottit and Peter H. Adler. 2009.
Threatened Weta Recovery Plan – Department of Conservation, New Zeland

Créditos foto portada:

Department of Conservation NZ

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