Pan, un hongo y el mal del ‘fuego de San Antonio’

El protagonista de este artículo es un hongo del grupo de los ascomicetes que causó estragos en la Edad Media…

Créditos: Bildoj

La diversidad del reino Fungi es asombrosa. Este grupo está formado por organismos unicelulares, como las levaduras, por los mohos y por organismos que producen setas.

Son organismos eucariotas heterótrofos que ocupan hábitats de lo más diversos. Son los responsables de gran parte de la descomposición de la materia orgánica junto con las bacterias, y constituyen uno de los grupos de organismos más importantes para la vida del ser humano. Por una lado, pueden ser comestibles, y por otro, sumamente venenosos o psicotrópicos. Muchos producen sustancias beneficiosas o intervienen en procesos de elaboración de algunos comestibles, sin embargo, otros tantos son patógenos de animales y vegetales.

Ilustración del libro alemán de plantas de Franz E. Köhler de 1887, en la que se aprecian todas las fases del ciclo de ‘Claviceps purpurea’ (Tomado de Illana, 2008).

El cornezuelo del centeno

El protagonista de este artículo es un hongo parásito del grupo de los ascomicetes. Pertenece al género Claviceps, formado por varias especies. Todas ellas pueden afectar a una gran variedad de cereales y hierbas.

Particularmente, Claviceps purpurea puede parasitar varias plantas, incluyendo aquellas especies económicamente importantes como el centeno, el trigo, la cebada, el mijo y la avena.

La presencia de este hongo en el centeno (Secale cereale) se evidencia como un pequeño cuerno o cornezuelo curvado, de color púrpura oscuro, llamado esclerocio (masa compacta de micelio endurecido que contiene reservas alimenticias).

Esclerocio de ‘Claviceps purpurea’ saliendo de una espiga de centeno.

Un hongo y el mal del ‘fuego de San Antonio’

El ergotismo es la enfermedad que se produce tras la ingestión accidental del cornezuelo del centeno. A lo largo de la historia, esta enfermedad ha sido conocida por distintos nombres: ignis sacer, fuego sacro, mal del pan maldito, fuego de San Antonio, entre otros.

Las primeras referencias de epidemias producidas por el consumo accidental del cornezuelo del centeno son de la Edad Media, período en el que se extendió por toda Europa cobrándose miles de víctimas. En este tiempo, se consumía pan como uno de los alimentos más preciados de la humanidad. El pan blanco era más caro y de mejor calidad y el pan negro, de peor calidad, podía estar elaborado con semillas de centeno mezcladas con esclerocios de Claviceps purpurea.

Fue una locura generalizada consumir centeno contaminado. Sus síntomas iniciales son inespecíficos e incluyen debilidad, cefalea, nauseas, vómitos y dolor abdominal. Luego, aparecen las formas gangrenosa o convulsiva.

Grabado de Johannes Wechtli donde se aprecia a una víctima del ergotismo implorando a San Antonio… (Tomado de Illana, 2008).

Este hongo hizo estragos durante la Edad Media. Se cargó a miles de personas y, las que sobrevivieron, experimentaron perturbaciones visuales, aberraciones mentales, o quedaron mutiladas o paralizadas. Fue una epidemia de locura.

Este mal fue llamado “fuego de San Antonio” porque las víctimas sufrían ataques epilépticos o tenían la terrible sensación de que su piel estaba quemándose y sentían que sus dedos de las manos y de los pies se carbonizaban. No había tratamiento, claro y, con la esperanza de ser curados, acudían en procesiones al santuario de San Antonio.

Hace tiempo que se sabe que los esclerocios de Claviceps purpurea contienen numerosos compuestos químicos. Lípidos, esteroles, glucósidos y aminas son algunos pero, lo que los hace peligrosos al consumirlos es la presencia de alcaloides como la ergotamina, la ergocristina, la ergocriptina y ergometrina.
Estos son compuestos nitrogenados derivados, generalmente, de aminoácidos que poseen una intensa acción fisiológica en animales.

Hay que destacar que las cantidades de cada alcaloide varían en función de la cepa de Claviceps, la especie huésped, las condiciones climáticas y la zona geográfica.

Estructura molecular de algunos de los alcaloides del corzuelo del centeno (tomado de Quesada Díaz y Ortega Díaz, 2011).

Los efectos de los alcaloides del centeno en la intoxicación ergótica se deben a sus propiedades vasoconstrictoras que ocasionan gangrena de las extremidades. Además, estos alcaloides afectan al sistema nervioso central, manifestándose como convulsiones, estados depresivos y alucinaciones, similares a las observadas con el LSD (dietilamida del ácido lisérgico derivado de la ergotamina), una droga psicoactiva ilegal del tipo de los alucinógenos.

A partir del siglo XX, las técnicas de recogida de grano habían erradicado al ergotismo como enfermedad en humanos, a excepción de algunos casos puntuales. Según la bibliografía consultada, la última epidemia europea de ergotismo se registró en Francia, en 1951. Un panadero de Point Saint-Espirit utilizó harina contaminada para elaborar pan: afectó a más de 2000 personas y causó cuatro muertes.

Bibliografía consultada

– Roberts, R.M. 1992. “Serendipia: Descubrimientos accidentales en ciencia”. Alianza Ed. Madrid. 443 pp.
http://www.pasajealaciencia.es/2011/pdf/02-ergotismo.pdf
– Illana, Carlos. 2008. “El cornezuelo del centeno (I): biología, historia y ergotismo”. Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid. 32. 293-306.
-Quesada Díaz A. y Ortega Díaz, A. 2011. El corzuelo del centeno a lo largo de la historia: mitos y realidades. Pasaj. Cienc. 14:16-25.

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