Un banquete letal para el batallón francés

La adelfa (Nerium oleander), una planta ornamental conocida como laurel de jardín, no solo es tóxica, sino que se ha ganado la fama de “la planta que mata más que un ejército” ... ¿Por qué?

Grande Armée - Antonio Ponte - Flickr

A principios del siglo XIX, en el marco de la llamada “guerra de la Independencia española” (1808-1814) y dentro del contexto de las guerras napoleónicas, ocurrió un hecho que es popular dentro de la historia española y, también, le otorgó el nombre a una especie botánica: “la planta que mata más que un ejército”. La veracidad de esta historia ha sido puesta en duda, no así la gran toxicidad de la adelfa.

El banquete letal

La guerra de la independencia enfrentó a las potencias aliadas de España, Reino Unido y Portugal contra el Primer Imperio francés que pretendía instalar en el trono español al hermano de Napoleón, José Bonaparte, tras las abdicaciones de Bayona (renuncias sucesivas de los reyes Carlos IV y su hijo Fernando VII al trono de España en favor de Napoleón Bonaparte el 7 de mayo de 1808). Imaginemos ese contexto…

Napoleón ha enviado miles de hombres de la armada francesa a la península ibérica. Uno de los batallones, tras pasar por Madrid, abandona la ciudad hacia el sur. Durante su viaje, es agasajado en un poblado por los lugareños con un banquete muy particular. Además de romero, tomillo y otras hierbas típicas, han agregado a la carne un condimento especial: hojas de adelfa. Los soldados devoran la carne y beben vino, disfrutando del banquete. A la mañana siguiente, la mayor parte del batallón está muerto, el resto, intoxicado.

Si bien hay registros de la intoxicación y muerte de trescientos soldados franceses del cuerpo del ejército del Mariscal Suchet, en la época del emperador Napoleón, que consumieron carne asada con estacas de laurel; quizás nunca sepamos la exactitud de lo que luego se transformaría en una historia popular. Lo que sí es real es que la adelfa (Nerium oleander), una planta ornamental conocida también como «laurel de campo» o «laurel de jardín», es muy tóxica.

Adelfas. Créditos: Funchye/Flickr

No todos los “laureles” son iguales

Nerium oleander es un arbusto de la familia de las apocináceas. Es una planta nativa de las regiones del Mediterráneo de África y Europa, aunque se encuentra distribuida por países tropicales y subtropicales de todo el mundo. Adaptada a la sequía y muy decorativa, se puede encontrar en los jardines y canteros, así como en instalaciones de trabajo para dar sombra y refugio a los animales. Existen muchos cultivares diferenciados por sus flores de varios colores. Las más conocidas son las flores de color rosada y las blancas.

Se trata de un arbusto que alcanza los 2 a 5 m de altura, poco ramificado, con la corteza lisa, grisácea. Sus hojas son perennes, de textura coriácea. Son de color verde intenso por el haz y más pálidas por el envés, con el nervio central amarillento o blanquecino y bien destacado. Por lo general, estas hojas nacen opuestas y verticales, en grupos de a tres.

Adelfa (Nerium oleander.) Créditos: Mibby23/Flickr.

Si bien uno de sus nombres vulgares es “laurel de jardín” no hay que confundirlo con el laurel comestible, cuyo nombre científico es Laurus nobilis.

La planta que “mata más que un ejército”

Toda la planta es peligrosa, pero de manera especial los son las flores, las hojas y el látex de ésta últimas. Se reconoce como una planta tóxica letal para rumiantes, equinos, aves, mascotas, e incluso, para los seres humanos.

Según la bibliografía consultada, 15-20 gr de hojas frescas pueden matar un caballo, de 10-20 gr a una vaca y entre 1-5 gr a una oveja. En humanos, la dosis letal puede ser desde una sola hoja en niños, hasta entre siete y veinte hojas para adultos. Y, aparentemente, las plantas silvestres son más tóxicas que las cultivadas.

Ya en épocas romanas el médico Dioscórides la describía como una planta cuyas hojas y flores resultaban ser un veneno mortífero para los perros, los mulos y muchos animales cuadrúpedos.

La toxicidad de la adelfa se debe a la presencia de glucósidos cardíacos, de acción similar a los glucósidos digitálicos, que afectan particularmente las células cardíacas causando fallas en el ritmo. Los glucósidos cardíacos se caracterizan por presentar en su molécula una porción esteroide acoplada a una porción azúcar. El efecto farmacológico está determinado por la primera porción mencionada; el azúcar no tiene efecto significativo más que influir en la liposolubilidad. Dentro de estos esteroides existen dos tipos, los cardenólidos y los bufadienólidos.

Estructura de la oleandrina. Créditos: Jeff Dahl /Wikipedia

N. oleander posee cardenólidos que representan alrededor del 1,5% del peso de sus hojas. La oleandrina es la más abundante. Otros de sus principales compuestos tóxicos son los glucósidos digitálicos neriina, folinerina, digitoxina y digoxina. En segundo orden, se pueden encontrar otros cardenólidos poco o nada activos, como adineringenina y uzaringenina.

 

Directo al corazón

Los cardenólidos presentes en N. oleander son absorbidos en el tracto digestivo, y casi un 90% de lo ingerido llega a la sangre para ser transportado a los diferentes tejidos que terminará lesionando. Estudios farmacocinéticos demuestran que la oleandrina, por ejemplo, es rápidamente absorbida luego de la administración oral y, a través de procesos enzimáticos, se convierte en oleandrigenina. Una vez absorbida, llega al corazón y causa un daño inmediato en las células cardíacas.

Al llegar al corazón, los cardenólidos son responsables de interferir en la bomba de Na+/K+ ATPasa de las fibras del músculo cardíaco, lo que lleva a una depleción del K+ intracelular y un aumento del Na+. Eso hace que aumente la liberación de Ca2+ desde el retículo endoplasmático. Estas alteraciones iónicas generan cambios fisiológicos en el ritmo cardíaco, taquicardia, bradicardia, fibrilación y arritmias, concluyendo en la muerte por falla cardíaca.

Los primeros signos de intoxicación son digestivos como náuseas y vómitos. Los signos neurológicos consisten habitualmente en una sensación de malestar, debilidad y, a menudo, de confusión mental. Se notan también trastornos en la visión. Enseguida aparecen signos cardíacos: bradicardia a 30 o 40 pulsaciones/min, así como también el pulso débil e irregular. En cuestión de tiempo, entre las cuatro y las doce horas después de la ingesta de adelfas aparecen los vómitos ,y diarrea, que puede estar acompañada de sangre. Los trastornos cardíacos se presentan posteriormente; el pulso se acelera en un primer momento y posteriormente se hace irregular, con arritmias crecientes. La muerte puede producirse a las 12-24 horas, por parada cardíaca.

Este -aparentemente- “inocente y bello” arbusto puede intoxicar severamente diversas especies animales. Que tenga flores y sea llamativo no necesariamente implica que no sea peligroso. Tenemos mucho que aprender aún de la naturaleza.

 

Bibliografía consultada

Bonino Leániz, J, Leguisamo Utaraviçius, E y Albanell Aguirrezabala, S. (2013.). Estudio de la toxicidad de Nerium oleander en ovinos. Tesis de grado. Universidad de la República (Uruguay). Facultad de Veterinaria.

Santiago Nogué, Joan Simón, Cèsar Blanché y Josep Piqueras (2014). Intoxicaciones por plantas y setas. www.formacionsanitaria.com

Bonino Leániz, J.A; Leguisamo Utaraviçius, E.; Albanell Aguirrezabala, S. (2013). Tesis de grado: estudio de la toxicidad de Nerium oleander en ovinos (2013). Universidad de la República, Facultad de Veterinaria, Montevideo. Uruguay.

Silva Rubini, et. al. A Probable Fatal Case of Oleander (Nerium oleander) Poisoning on a Cattle Farm: A New Method of Detection and Quantification of the Oleandrin Toxin in Rumen. Toxins 2019, 11, 442; doi:10.3390/toxins11080442.

Créditos foto de portada: Grande Armée (Gran Ejército Imperial Francés), Antonio Ponte – Flickr

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