La primera reserva natural y su peculiar taxidermista

Charles Waterton fue un peculiar naturalista y taxidermista inglés que, con cuatro viajes al continente americano, no solo pasó a la historia por los especímenes que recolectó, conservó y montó, sino por su enorme interés en preservar la vida silvestre.

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Con su libro Wanderings in South America (…) -donde reflejó las vivencias de sus viajes realizados por el continente americano-, publicado en 1825, introdujo a muchos ingleses, entre ellos a Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, a las maravillas naturales que podían encontrarse en los trópicos. El querido divulgador y naturalista británico David Attenborough, se refirió a él como: “Una de las primeras personas en reconocer, no solo que el mundo natural era de gran importancia, sino que necesitaba protección a medida que la humanidad exigía más y más de él”. Estamos hablando de Charles Waterton, un peculiar naturalista y taxidermista inglés que, con cuatro viajes al continente americano y la hazaña de montar en el lomo de un Caimán, no solo pasó a la historia por esto, sino por su enorme interés en preservar la vida silvestre.

Escudero de Walton Hall

Este viajero y naturalista nació en 1782 en Walton Hall, cerca de la ciudad de Wakefield, en el condado de Yorkshire, en Inglaterra. Los lugareños de Walton le otorgaron cariñosamente el título de «escudero». Walton Hall es una casa señorial construida por el padre de Charles, emplazada en un enorme terreno de 250 hectáreas que, gracias al naturalista, se convertiría, años más tarde, en la primera reserva natural y de aves silvestres del mundo. El hijo de Waterton, vendió la propiedad, pasando ésta por múltiples etapas, siendo hoy en día parte del Waterton Park Hotel.

Charles Waterton. Óleo de Charles Willson Peale, 1824, National Portrait Gallery, London. En el mismo puede observarse al naturalilsta con dos ejemplares taxidermizados. Fuente: Wikimedia Commons.

Charles Waterton: viajero, naturalista y conservacionista

Waterton recibió su educación en Stonyhurst, un célebre colegio de los jesuitas donde se convirtió en un estudioso del latín y cultivó su pasión por la historia natural, especialmente por la ornitología (estudio de las aves). Poco después de dejar el colegio, a los 20 años, viajó a España a visitar familiares, donde fue testigo y superviviente de la irrupción de la fiebre amarilla. De allí, además de una cierta inmunidad a esta enfermedad, adquirió conocimientos del español, que luego le serían muy útiles para sus expediciones. Volvió a Inglaterra algo deteriorado de salud y en busca de un clima más cálido, en 1804, a los 22 años, se hizo cargo de la administración de las plantaciones de azúcar de sus tíos en Demerara, cerca de Georgetown, situada en aquel momento en la Guayana Británica. Quedaría fascinado por la naturaleza y los seres vivos del continente. Residió allí hasta 1812.

Todas las visitas subsiguientes que hizo al continente americano tuvieron como único objetivo la historia natural, logrando explorar algunas de las áreas más remotas del mismo. Su gran interés por la naturaleza lo llevó tanto a América del Sur como a América del Norte y en el lapso de doce años, hizo cuatro viajes al continente. Sus viajes quedaron plasmados en el libro “Andanzas por Sudamérica, el noroeste de los Estados Unidos y las Antillas en los años 1812, 1816, 1820 y 1824”, que da testimonio de las maravillosas aventuras durante estas visitas. La vivacidad de sus narraciones lo convirtió en una de las producciones más encantadoras de su tipo en lengua inglesa. Se dice que su libro inspiró e influyó en Charles Darwin cuando era un estudiante, así como también en Alfred R. Wallace.

Página 7 del libro de Waterton en su primera edición. Fuente: Welcome collection.

Una de sus hazañas más famosas fue montar en el lomo de un Caimán. Esto ocurrió en su tercer viaje en 1820. Según relata en su libro, fue en una caminata que tuvo su famoso encuentro con el cocodrilo en el río Esequibo, cerca de Demerara. El hecho fue representado en varias pinturas, incluida una del propio Waterton. El animal fue capturado por Charles y posteriormente taxidermizado. Hoy puede observarse en exhibición en el Museo Wakefield.

Charles Waterton capturando un caimán en el río Essequibo en Demerara. Suceso plasmado en esta pintura por su amigo artista, el capitán Edwin Jones. Fuente: overtown.org.uk

La primera reserva natural del mundo

Entre 1821 y 1824, Waterton hizo construir un muro muy costoso en Walton Hall, que se extendía alrededor las 250 hectáreas de la propiedad. El mismo tenía como objetivo proteger la vida silvestre, actuando como barrera para los cazadores furtivos. Construido en piedra, y aún en pie, tiene casi 5 km de largo, y en promedio 3 m de alto. Esta propiedad protegida se convertiría en la primera reserva natural y de vida silvestre del mundo.

Dentro de la propiedad creó un banco de arena especial para atraer a ejemplares del ave conocida como avión zapador (Riparia riparia) y una torre de piedra con nidos especiales para otras aves, cada uno con una piedra suelta en la parte posterior para que los visitantes pudieran mirar dentro y ver cómo se las arreglaban estos animales. Era extraordinario en sus observaciones y tenía gran afinidad con las criaturas vivas. Durante unos 30 años registró 123 especies de aves y fue el primero en entender el concepto de la conservación.

En 2015, y debido al interés del gobierno británico por hacer operar una línea ferroviaria de alta velocidad en ese sitio, varios activistas, entre ellos sir David Attenborough, respaldaron una campaña para que las Naciones Unidas reconozca la propiedad como Patrimonio Mundial de la UNESCO. El prestigioso divulgador declaró que “Walton Hall es un sitio extremadamente importante en la historia de la  conservación de la naturaleza en todo el mundo. Podría decirse que es la primera extensión de tierra en los tiempos modernos en ser protegida, vigilada y mantenida como reserva natural”. 

Waterton se convirtió en un hábil taxidermista preservando muchos de los animales con los que se cruzó y mantuvo la mayoría de sus especímenes en su propiedad. Los visitantes acudían en masa para ver sus ejemplares, ya que él había descrito la captura de muchos de ellos en su libro. Querían ver especialmente al Caimán, que Waterton capturó saltando sobre su espalda y montándolo hasta el agotamiento. Actualmente, su colección se encuentra en el Museo Wakefield.

Taxidermia: conservar con “apariencia viva”

Quién haya visitado un museo de Ciencias Naturales indiscutiblemente se ha topado con exhibiciones de animales “disecados”, estáticos, con expresiones que intentan emular a aquellas que fueron reales, situados en muchos casos dentro de un diorama (especie de maqueta que permite ver animales de cerca y en recreaciones de su hábitat natural). Detrás de esos ejemplares se encuentra el trabajo de los taxidermistas, cuyo arte, oficio o disciplina consiste en la preparación de pieles de animales y su relleno para darles aspecto natural o hacer que se asemejen al animal en vida, generalmente con un fin científico.

El siglo XIX fue la época de oro de la taxidermia, donde desempeñaba un importante papel en el ámbito de la conservación. Es innegable que muchas especies de fauna silvestre hoy se conocen solo a través de sus ejemplares taxidermizados diseminados en los museos del mundo. Sin embargo, en la actualidad esta función está menos clara y hoy, en algunos casos, están en dudas sus fines. Los taxidermistas utilizan diferentes técnicas de conservación y montaje que han ido mejorando a lo largo de los años.

Foto de un ejemplar de un ave taxidermizado del Birmingham Museums Trust Fuente: Unsplash

Waterton y sus habilidades taxidérmicas excéntricas

El naturalista preservó muchos de los animales con los que se cruzó, e inventó una técnica de conservación que utilizaba productos químicos a base de mercurio para endurecer las pieles de los animales en lugar de depender del relleno tradicional. Según se menciona en un documento del museo Wakefield, Waterton estaba interesado en preservar la vida silvestre como especímenes ‘peluches’. Es así que en esta rama del arte/oficio de la taxidermia fue un paso más allá, ya que construyó sus propias creaciones usando fragmentos de una variedad de aves y animales, a las que les daba títulos muy extraños que a menudo tenían un motivo satírico. Esto lo situó como el principal representante de la taxidermia caricaturesque, posteriormente denominada naturalización grotesca o taxidermia grotesca.

Entre las creaciones más famosas del naturalista se encuentran Nondescript, Noctifer y Martín Lutero después de su caída. Están realizadas a partir de varias partes de animales que, en algunos casos, configuraban, misteriosamente, composiciones semejantes a algunos de sus enemigos políticos.

De izquierda a derecha: Nondescript, Noctifer y Martín Lutero después de su caída. Fuentes: overtown.org.uk y www.wakefield.gov.uk

El ejemplar conocido como «Nondescript” fue creado a partir de un mono aullador hecho con la piel de la cabeza y el busto, colocados de una forma particular. Waterton a veces fingía que se trataba de una nueva especie de animal que había descubierto o una caricatura de un oficial de aduanas que le había cobrado impuestos de importación sobre las pieles de animales. Actualmente se exhibe en el museo de Wakefield.

Noctifer, “El Noctificador (Espíritu de la Noche)”, por su parte, es la combinación de dos aves nocturnas: el avetoro y el búho real; y posiblemente algo de perdiz gris. Esta creación de taxidermia es hueca, aunque tiene alambre y alfileres para garantizar que se mantenga en pie. 

“Martín Lutero después de su caída”, se trata de un gorila, con sus cuernos y una extraña sonrisa. Dicha representación podría ser la visión de Waterton como católico del protestante Martín Lutero. El gorila era ‘Jenny’, una hembra joven que llegó a Inglaterra en 1855 y fue exhibida como parte de la Ménagerie o colección de animales salvajes itinerantes de la Sra. Wombwell, una de las colecciones más grandes de la época. Waterton la visitó muchas veces y cuando murió, le enviaron su cuerpo para que lo preservara.

Waterton transmitió sus habilidades de taxidermia a uno de los esclavos de su tío: John Edmonstone, nacido en Demerara, quién años más tarde le enseñaría el arte de la taxidermia nada menos que a Charles Darwin.

También incursionó en muchas áreas, llevó a cabo experimentos interesantes con serpientes de cascabel y woorali (curare), un vegetal que la población indígena sudamericana utilizaba como veneno paralizante. Ideó señuelos para engañar a los cazadores furtivos, produjo comentarios políticos y se convirtió en un autor popular. Después de sobrevivir a tantos peligros en el extranjero, Waterton encontró la muerte en su propio parque al tropezar con una raíz de un árbol en 1865, cuando tenía ochenta y tres años.

A pesar de que su figura es desconocida para muchos, la vida y obra de este defensor de la naturaleza sigue latente en Waterton Park Hotel o en Stonyhurst, el colegio que a día de hoy custodia parte de sus colecciones. También el Museo Wakefield le dedica una exposición que recoge algunas de sus creaciones de taxidermia.

Bibliografía consultada:

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