¿Por qué es tan difícil atacar al cáncer?

El cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. ¿Cómo se vive esta enfermedad en América Latina? ¿Por qué fallan los tratamientos? ¿Cuáles son los retos en el desarrollo de tratamientos efectivos contra el cáncer?

Tiempo de lectura: 7 minutos

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es un grupo de enfermedades que pueden iniciarse en prácticamente cualquier órgano y/o tejido cuando hay un crecimiento descontrolado de células tumorales, que puede eventualmente invadir otras regiones del cuerpo. Esto último se define como metástasis; migración de células cancerosas fuera del tumor inicial para producir un nuevo crecimiento tumoral.

Algunas cifras

El cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. El Observatorio Mundial del Cáncer (GCO) informó que, en el año 2020, se registraron 19,3 millones de nuevos casos de cáncer en todo el mundo y 10 millones de muertes vinculadas a esta enfermedad. En el continente americano, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que el cáncer causó 1,4 millones de muertes en el 2020 y 4 millones de nuevos casos. Se proyecta que dicho número aumentará a 6 millones en 2040 y se señala que el mayor crecimiento de casos se producirá en países de ingresos bajos y medianos.

Para América Latina se proyecta que para el año 2030 los casos de cáncer aumentarán en un 35 % en América del Sur y un 42 % en países como México. Todos estos datos nos indican la urgente necesidad de entender esta enfermedad para generar tratamientos eficaces.

Un proceso gradual

Durante el desarrollo del cáncer se alteran los mecanismos de control de las células, haciendo que éstas se vuelvan independientes de las señales de su entorno y dejen de responder. Este es un proceso gradual, de múltiples etapas, en el que se van acumulando numerosas “fallas” en las células y que, en general, requiere muchos años. A medida que la célula se va transformando en “maligna”, adquiere alteraciones y mutaciones al azar que, de no ser reparadas por la propia célula, le darán ciertas capacidades que le permiten sobrevivir, proliferar y diseminarse por el organismo (ver esquema de abajo).

Capacidades que adquiere la célula durante el desarrollo de un tumor. Adaptado de Hanahan y Weinberg, 2011. Créditos ilustración: Mariana Mastache Maldonado.

Entre diagnósticos y terapias, ¿cómo se vive el cáncer en América Latina?

Actualmente, el conocimiento que se tiene del cáncer lo podemos ver reflejado en las opciones de tratamiento que existen. Dependiendo del tipo de cáncer y lo avanzado que esté, se puede requerir un enfoque terapéutico distinto; desde uno convencional como la cirugía (donde se extirpa el tejido canceroso) hasta uno más innovador como la terapia dirigida (que apunta a interferir con algún blanco específico de la célula tumoral). La terapia dirigida es diferente de la quimioterapia, la cual ataca a todas las células que crecen y se dividen rápidamente, afectando también a las células sanas. En muchos casos, se debe emplear más de un tratamiento para un mismo paciente.

Ahora bien, no todos los países tienen el mismo acceso a diagnósticos oportunos, tratamientos adecuados y, sobre todo, que sean asequibles. Lamentablemente, los medicamentos y terapias de vanguardia contra el cáncer tienen un precio más alto en muchos países de ingresos bajos y medianos en comparación con las naciones de ingresos más altos. Para el caso de América Latina, según la OMS, el 50% de la población no tiene acceso a medicamentos de alto costo. Las terapias disponibles suelen ser principalmente las más tradicionales como la cirugía, así como las que presentan varios efectos adversos como la quimioterapia y la radioterapia. Y, si bien la incidencia del cáncer en América Latina es menor que en los países desarrollados, su mortalidad es significativamente mayor. Esto pone en evidencia que esta región del mundo necesita de un mejor manejo de esta enfermedad, con mayor acceso y recursos a opciones terapéuticas.

¿Por qué fallan los tratamientos?

Aún si se logra acceder a un tratamiento, muchas veces los mismos resultan ineficaces para determinados tipos de tumores. Una de las principales causas es por la resistencia de las células tumorales a los fármacos, la cual evita que éstas respondan al tratamiento (suele darse en los cánceres más letales). Esta resistencia a multidrogas (MDR) puede estar presente en las células tumorales antes del tratamiento (resistencia intrínseca) o puede desencadenarse a raíz del mismo (resistencia adquirida). En la siguiente figura se muestran algunos mecanismos de MDR.

La heterogeneidad de los tumores, es decir, la presencia de diferentes fallas dentro de un mismo tumor, entre diferentes tumores en el mismo paciente, o entre un tumor primario y uno metastásico, complica aún más el escenario, haciendo más difícil que un paciente responda a un determinado fármaco.

Otro obstáculo es la toxicidad que se genera en tejidos sanos provocados por los tratamientos no específicos y la baja acumulación de los compuestos en el tumor. Como comentamos más arriba, los tratamientos como la quimioterapia, por ejemplo, atacan tanto a las células tumorales como a las sanas. Los fármacos que se utilizan en estos tratamientos llegan en un bajo porcentaje a la zona tumoral pues muchas veces presentan baja solubilidad y estabilidad o son eliminados rápidamente de la circulación sanguínea. Todo esto hace que, para que haga efecto el tratamiento, se administren dosis altas de los fármacos, generando severos efectos adversos.

Otra limitante de la efectividad de estos tratamientos son las barreras físicas propias del cuerpo: un ejemplo clásico de esto es la barrera hematoencefálica (BHE), que dificulta el tratamiento de tumores que se localizan en el sistema nervioso central. La BHE protege al cerebro de partículas grandes, proteínas y moléculas como posibles neurotoxinas y hasta de bacterias. Muchos de los tratamientos actuales (como los quimioterápicos) son muy efectivos limitando el crecimiento del cáncer cerebral, pero desafortunadamente su administración se ve afectada por la barrera hematoencefálica, que selecciona y controla el paso de sustancias, generalmente expulsando los fármacos o dejando pasar tan poco que es difícil que genere el efecto deseado. La solución a este problema es-literalmente- romper la barrera, evitarla o “negociar” el acceso al tejido con transportadores, por ejemplo. Esta última opción es la que más se utiliza pues resulta ser menos invasiva.

Entonces, ¿cuál es el desafío?

El gran reto es hallar terapias que logren vencer el fenómeno de la resistencia a multidrogas. Muchas veces se apunta a combinar más de un fármaco para atacar simultáneamente más de una falla en las células. Una buena estrategia para aumentar la eficacia de un fármaco es combinarlo con un segundo compuesto que contrarreste los mecanismos vinculados a la MDR. Esto mejoría la calidad de vida de los pacientes, ya que permitiría reducir la dosis del fármaco y sus efectos adversos.

Para lograr la terapia ideal es necesario conocer en profundidad los mecanismos relacionados a la progresión del cáncer y a la MDR. Además, es necesario desarrollar compuestos que ataquen selectivamente las fallas, sin afectar otros procesos celulares o a las células sanas.

Todo esto requiere años de estudio y no siempre se logra extrapolar los resultados obtenidos en el laboratorio a la clínica. De los compuestos ensayados, el porcentaje de medicamentos que finalmente es aprobado para su uso en pacientes es muy bajo. Así, a pesar de los notables avances en la medicina actual, existe una brecha considerable entre la plétora de datos preclínicos o los que derivan de la investigación previa para averiguar si es probable que un medicamento y/o método sea útil y la disponibilidad de terapias efectivas.

Aún resta mucho trabajo por hacer. Para obtener cambios relevantes que mejoren el resultado clínico, la investigación debe enfrentar varios desafíos.

Bibliografía y fuentes consultadas:

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Autoras

Paula Ceballos

Paula Ceballos

Lic. en Biotecnología y Dra. en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Investigadora de CONICET. Con una mente curiosa e inquieta, amo investigar, disfrutando cada desafío que se presenta. Ig @paulita_ceballos

Mariana Mastache Maldonado

Bióloga por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Entusiasta de las neurociencias, el medio ambiente y la ilustración. Disfruto mucho del aprendizaje en distintas áreas y cómo se integra el conocimiento con mis aficiones creando sistemas cada vez más complejos e interesantes. IG: @maggie.ml

Créditos foto de portada: Volodymyr Hryshchenko en Unsplash

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