La ciencia alrededor de los vampiros

La leyenda de los vampiros se basa en la existencia de determinadas personas a lo largo de la historia de la humanidad que han sufrido diferentes enfermedades y la tradición ha preferido asociarlas a causas sobrenaturales…

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La palabra “vampiro” comenzó a usarse en Europa en el siglo XVIII y tiene su origen en la palabra eslava “vampir”, que significa “monstruo de sangre”. La tradición europea ha asociado siempre este concepto al de aquel ser que muere y vuelve a la vida para atacar a las personas cercanas, consumiendo su sangre o su carne. Algunos autores señalan que esta leyenda nació como consecuencia de la falta de explicación sobre las epidemias que asolaban los territorios europeos en esos siglos (principalmente la peste).

El conde Drácula

El más famoso de todos los vampiros protagonistas de la literatura es el conde Drácula o Vlad Draculea. Este personaje ficticio se basa en realidad en la vida de un príncipe de la región de Valaquia (junto a Transilvania), llamado Vald Tepes o Vald III, hijo de Dracul (dragón), quién se hizo famoso por sus victorias militares y metodologías crueles de castigo de sus enemigos. Puesto que sus tierras representaban la puerta de los pueblos asiáticos hacia los territorios europeos, tuvo que luchar continuamente contra los otomanos, manteniéndolos siempre alejados. Por esta razón, se le considera un héroe nacional en Rumanía y sus enemigos crearon numerosas leyendas de poderes sobrenaturales sobre su persona, tratando de explicar sus continuas victorias militares.

Murciélagos hematófagos

Fue a partir del siglo XVIII cuando varios pensadores críticos de la época comenzaron a investigar sobre el mito de los vampiros, intentando explicar su existencia desde el punto de vista de la ciencia. Para ello, es importante comenzar con el concepto de vampiro desde el punto de vista de la zoología. En él se incluye a la familia Desmodontinae de murciélagos hematófagos (se alimentan de sangre), la cual se encuentra extendida por toda américa Central y del Sur. De estos, existen únicamente tres especies de pequeños murciélagos (miden entre 6-9 cm) de hábitos nocturnos que se alimentan de la sangre del ganado cuando este duerme. Estas tres especies son:el murciélago común (Desmodus rotundus), el murciélago de patas peludas (Diphylla ecaudata) y el murciélago de alas blancas (Diaemus youngi).

Murciélago vampiro (Desmodus rotundus). Créditos: https://commons.wikimedia.org

Estos murciélagos son los únicos mamíferos que se alimentan únicamente de sangre, por lo que su dieta en un principio carece de hidratos de carbono y vitaminas, pero es rica en proteínas y hierro. Para suplir estas deficiencias, su microbiota intestinal ha ‘aprendido’ a sintetizar hidratos de carbono a partir del CO2 y el agua presentes en la sangre, y ellos mismos producen las vitaminas que necesitan. Para eliminar el hierro y las proteínas en exceso han mejorado y aumentado el funcionamiento de sus riñones, eliminando las concentraciones que son tóxicas para ellos. Por otro lado, alimentarse de la sangre de otros animales les expone a sufrir gran cantidad de enfermedades. Para luchar contra ellas han desarrollado un variadísimo sistema inmune que puede defenderles de casi cualquier tipo de microorganismo sanguíneo nocivo.

¿Drácula, murciélagos y enfermedades?

Entonces ¿qué tiene en común un príncipe rumano con estos mamíferos alados americanos? Realmente nada, todo se basa en la unión de mitos y leyendas de los pueblos occidentales con los pueblos precolombinos, como necesidad de personificar el mal. La explicación científica que aclara la leyenda de los vampiros se basa en la existencia de determinadas personas a lo largo de la historia de la humanidad, las cuales han sufrido diferentes enfermedades que la tradición ha preferido asociar a causas sobrenaturales.

La primera enfermedad con la que podrían asociarse estos casos sería la peste bubónica (enfermedad causada por la bacteria Yersinia pestis), aunque únicamente explicaría la condición de “muertos vivientes” pues a los enfermos se les enterraba aún sin haber muerto, como medida preventiva de contagio, y muchos de ellos intentaban salir de las fosas, destrozándose la piel y dando sensación de que los muertos habían vuelto a la vida. Por otro lado, el carbunco (anthrax, en inglés), enfermedad causada por la bacteria Bacillus anthracis, podría explicar más bien, no la presencia de vampiros, sino la de sus víctimas. Los síntomas de la enfermedad se basan en una fiebre muy alta, convulsiones, sed intensa y dificultad respiratoria que disminuye el oxígeno en sangre y produce alucinaciones. Cuando los enfermos morían, sus cuerpos se descomponían más lentamente, al no coagular su sangre y estar muy rígidos. Junto con estas otras, la anemia, debida a la desnutrición de gran parte de la población, también podía asemejarse a estas posibles “víctimas” de los vampiros, al dar sensación de personas faltas de sangre en el cuerpo.

Las enfermedades que realmente podrían relacionarse con el mito de los vampiros de forma directa son la rabia y la porfiria. En el primer caso, la enfermedad la provoca un virus que ataca al sistema nervioso y se transmite por mordedura directa de diferentes animales, además, el auge de estos mitos coincide con las epidemias ocurridas en Europa por esta enfermedad. Una vez que el enfermo de rabia ha pasado a una fase de incubación con fiebre, fatiga y ansiedad, el virus ataca al sistema límbico, controlador de las emociones y la conducta. Allí puede comenzarla mezcla entre ciencia y ficción, pues el enfermo se muestra muy agresivo, con fotofobia y alteración del ritmo del sueño, además, sus labios se retraen y destaca desmesuradamente su dentadura, junto con una total imposibilidad de tragar a causa de intensos dolores, de ahí el desarrollo de hidrofobia y de miedo al ver su reflejo en cualquier superficie (pensando que es agua), estando continuamente echando saliva por la boca, al no poder tragarla.

Por otro lado, la porfiria eritropoyética congénita es una enfermedad genética que afecta a la actividad de las enzimas encargadas de metabolizar las porfirinas, pigmentos precursores de la hemoglobina (transporta el oxígeno en la sangre). Los síntomas de la enfermedad incluyen fotosensibilidad, al producirse hipersensibilidad en la piel, que con la mínima luz destruye los tejidos; palidez extrema, a causa de la anemia por la falta de hemoglobina, lo cual deriva en ansiedad por la sangre, al necesitar de forma continua transfusiones; deformidades faciales, al destruirse diferentes tejidos de la cara, dejando los dientes al aire; intolerancia al ajo, al aumentar los efectos de la enfermedad; problemas mentales, derivados de la vida que les toca llevar; o prevalencia cercana de la enfermedad, pues, al ser genética y hereditaria, se encuentra en núcleos poblacionales cerrados y familias determinadas.

Así el origen de los mitos sobre los vampiros tiene muchas posibles explicaciones desde el punto de vista de la ciencia y es, en resumidas cuentas, el resultado de muchos elementos a lo largo de la historia combinados ente sí lo que ha originado y retroalimentado una leyenda que explica lo que en ese momento era incomprensible.

Bibliografía consultada:

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Wood, J. (2015). The Vampire Film: Undead Cinema.

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