El coleccionista de insectos y su teoría de la evolución

La teoría de la evolución constituye una parte central de las ciencias biológicas. Ya lo señaló el renombrado genetista ruso, Teodhosius Dobzhansky, en el año 1973: “en biología nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución”. Hablamos de una teoría que invalidó ideas que habían dominado el pensamiento sobre la naturaleza de los organismos durante más de 2.000 años. Y al día de hoy, sus implicancias exceden ampliamente el dominio de la biología, afectando áreas tan dispares y relevantes como la ética y la epistemología.

Si existiese la posibilidad de que me contaran qué pensaron al leer el título y el primer párrafo, seguramente, en algún punto mencionarían a Charles Darwin, el famoso naturalista inglés que en 1859 publicó el libro donde explicaba el mecanismo por el cual tiene lugar la evolución. Sin embargo, no hablaré sobre él, sino de su contraparte: Alfred Russel Wallace. Fue alguien que no se hizo tan famoso, al menos no para el común de la gente pero que, al igual que Darwin, descubrió el mecanismo clave de la evolución: la selección natural. Es considerado también el padre de la biogeografía, la ciencia que estudia la distribución de los seres vivos sobre la Tierra.

¿Una teoría simple?

Antes de hablar sobre quiénes formularon la teoría sería bueno aclarar qué es la evolución. Podríamos decir que es la acumulación de cambios genéticos dentro de las poblaciones a lo largo del tiempo, es decir, cambios en las características de un conjunto de seres vivos de la misma especie a lo largo de varias generaciones. Evolución significa, entonces, que las especies no son identidades independientes e inalterables, sino que se relacionan entre sí y cambian en el tiempo. Esta parte de la teoría de la evolución (el componente de modelo) no era original de Darwin y Wallace; varios científicos habían llegado a las mismas conclusiones acerca de las relaciones entre especies. El gran mérito de ambos fue proponer un proceso, denominado selección natural, que explica cómo sucede la evolución. No hay que olvidar que, aunque parezca una teoría simple, nadie pensó en ella hasta que lo hicieron ambos naturalistas.

Aunque Darwin y Wallace formularon la misma explicación para el modo en que cambian las especies en el tiempo, el nombre de Darwin se asocia con mucha más prominencia a la teoría porque – a la luz de las evidencias más conocidas- desarrolló la idea con más profundidad y proporcionó pruebas para ella en su libro “El origen de las especies”. Los 1.250 ejemplares con los que constaba la primera edición se agotaron el mismo día en que fue publicado: el 24 de noviembre de 1859.

De forma independiente, Darwin y Wallace comprendieron que todas las especies están relacionadas por ancestros comunes. Esto se oponía a la otra corriente de científicos (los creacionistas) que pensaban que las especies representaban entidades independientes creadas de por un ser ‘divino’ y que permanecen inalterables en el tiempo. Ambos naturalistas proponían que las características de las especies pueden cambiar de generación en generación. Darwin denominó a este proceso “descendencia con modificación”.

Coleccionista de insectos

Alfred Russel Wallace nació en Gales en 1823, en una familia con grandes dificultades económicas, circunstancia que a los 13 años lo obligó a dejar la escuela. Si bien era un autodidacta y carecía de una sólida formación científica, tempranamente se dio cuenta que para ser un buen naturalista debía penetrar profundamente en las selvas y ríos tropicales para colectar, estudiar y preservar especímenes biológicos. Sin embargo, no disponía del dinero ni del entrenamiento que eso requería. A diferencia de la riqueza, los contactos y notoriedad social de Darwin, Wallace financiaba sus viajes coleccionando especímenes para venderlos. Y tenía un “buen mercado”; el Reino Unido victoriano se estaba interesando por los insectos y la demanda de museos y coleccionistas privados estaba creciendo. En sus viajes recolectaba e identificaba especímenes – mayoritariamente insectos- que vendía a los museos de Inglaterra y a coleccionistas privados. Miles de esas especies eran desconocidas en occidente, entre ellas la gigantesca mariposa Ornithoptera croesus, conocida como “alas de pájaro dorada de Wallace” en honor a su descubridor.

Fuente: Ornithoptera croesus. Fuente: eol

Después de leer “El viaje del Beagle”, Wallace se entusiasmó y viajó a Brasil entre 1848 y 1852, con su amigo naturalista Henry Walter Bates. Ambos exploradores recorrieron regiones donde ningún europeo había estado anteriormente. Aparentemente fue allí donde contrajo malaria, enfermedad que lo llevó a sufrir episodios febriles en reiteradas ocasiones y que lo forzaban a estar en cama por varios días. Por esos años ya se estaba interesando en el origen de las especies y a su regreso del Amazonas comenzó a delinear algunos principios biogeográficos basados en la distribución de algunos insectos. Pero la suerte no estuvo de su lado. Lamentablemente, el barco en el que regresaba a Europa se incendió y hundió en el Atlántico. Aunque nadie perdió la vida, sus apuntes y los manuscritos de dos libros que preparaba, junto a cientos de ejemplares de insectos colectados, se perdieron para siempre.

En este video puedes observar parte del gabinete personal de Alfred Russel Wallace lleno de insectos y mariposas recolectadas durante su vida. Fue descubierto hace algunos años por un abogado estadounidense cuando estaba en busca de muebles antiguos. En su interior se encuentra la colección personal intacta de 1700 ejemplares del naturalista. Está en inglés, pero se puede seleccionar la opción ‘traducir subtítulos al español’.

Ocho años de viaje por el archipiélago malayo

En 1854, a los 31 años, Wallace viajó al archipiélago malayo (ahora Malasia, Indonesia, Timor oriental y Papúa-Nueva Guinea) donde permaneció 8 años. Para 1862 había contribuido con más de 50 artículos científicos y notas sobre variados aspectos de la historia natural del archipiélago, y como recolector de fauna, había enviado aproximadamente 125 000 ítems a Inglaterra. Uno de sus trabajos, con la descripción de 20 nuevas especies de mariposas le sirvió para poner a prueba hipótesis evolutivas. El artículo contiene la más clara definición “darwiniana” de especie en relación al aislamiento reproductivo y su diferencia con las subespecies y variedades locales.

En esa época, los científicos habían comenzado a darse cuenta de que la Tierra —y la vida en ella— era mucho más antigua de lo que se pensaba. Por otra parte, el geólogo Charles Lyell, quien argumentó que la Tierra había cambiado con el tiempo, tomando su forma por lentos procesos, como la creación de las montañas, fue clave para los trabajos de Wallace.

En 1855, mientras trabajaba en Sarawak, un estado de la isla de Borneo, Wallace escribió un artículo donde recopila y enumera observaciones generales que conciernen a la distribución geográfica y geológica de las especies. En él, afirmaba que cada especie había existido coincidiendo en el espacio y en el tiempo con especies estrechamente relacionadas, lo que se conoce como “Ley de Sarawak”. Curiosamente el trabajo fue ignorado por la comunidad científica, aunque despertó gran interés en Charles Lyell, quien seis meses más tarde advirtió a Darwin que Wallace le pisaba los talones y podría frustrar sus deseos de ser el primero en explicar convincentemente la formación de las nuevas especies. Lyell recomendó a Darwin que ponga por escrito sus ideas del modo más detallado posible. Éste comienza a hacerlo con el objetivo de publicar una voluminosa obra sobre las especies.

Retrato de Russell Wallace poco después de su regreso del Este. Wellcome collection

El ensayo de Ternate

La obra cúspide de Wallace, precursora de la teoría de la evolución, llegaría más tarde. En 1858 escribió lo que se conocería como “el ensayo de Ternate”, por lugar donde se hallaba cuando lo redactó en Indonesia. Gracias a sus memorias, se sabe que escribió la teoría en solo dos días, mientras sufría uno de los peores episodios febriles de malaria. El trabajo referido, de 3.764 palabras, se denominó “On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type”. Aquí, Wallace argumentó que existían dos factores que controlan la evolución: su ley de Sarawak, y el segundo, los triunfadores en la lucha por la existencia, lo que conducía a la especiación. Es decir, que una especie sólo se transforma en otra si está luchando por sobrevivir.


Con el convencimiento de que su trabajo hablaba sobre el mecanismo de evolución, envió el manuscrito a Darwin para recibir su opinión. También le solicitó que se lo mostrase a Charles Lyell y Joseph Hooker. Luego de leer el manuscrito, en junio de 1858, Darwin quedó conmovido por la similitud entre las ideas de su colega y las propias. Era urgente hacer algo. Los colegas de Darwin lo persuadieron de presentar el manuscrito de Wallace junto con un resumen de su propia obra que había preparado y había circulado entre algunos de sus amigos algunos años antes. Ambos ensayos se presentaron de forma independiente el 1 de julio de 1858 en una reunión en Londres de la Linnaean Society. La historia posterior, es mundialmente conocida.

Dos fragmentos de la carta enviada por Lyell y Hooker prentando el trabajo de ambos naturalistas. Fuente: Biodiversity Library.

El temple de Wallace

La obra monumental de Darwin, “El origen de las especies por selección natural” se publicó en 1859. Ocho años después de que regresara del archipiélago malayo, en 1870, se publicó el libro de Wallace: “Aportaciones a la teoría de la selección natural”.

En 1860, Wallace recibió una copia del famoso libro de Darwin y manifestó su admiración genuina por la obra. Libre de rencor o malicia, mostrando la real dimensión de su temple, Wallace escribió: “Siento mucha satisfacción por haber ayudado a realizar la publicación de este célebre libro y por el amplio reconocimiento por parte del propio Darwin de mi descubrimiento independiente de la ‘selección natural’”.

El reconocimiento público de Darwin por los logros de Wallace recién apareció en una frase, en la tercera edición de su famoso libro.  

En una de las tantas cartas a Darwin, en el año 1866, Wallace escribió:

Natural selection does not so much select special variations as exterminate the most unfavourable ones” (en español: La selección natural no selecciona variaciones especiales, sino que extermina las más desfavorables).  

Y criticó el uso de la expresión “selección natural” porque: “the term survival of the fittest is the plain expression of the fact; natural selection is a metaphorical expression of it, and to a certain degree indirect and incorrect, since nature does not so much select especial varieties as exterminate the most unfavourable ones” (en español: El término supervivencia del más apto es la simple expresión del hecho; la selección natural es una expresión metafórica de la misma, y hasta cierto punto indirecta e incorrecta, ya que la naturaleza no selecciona tanto variedades especiales como extermina las más desfavorables).

Hoy en día, en cientos de libros de biología ya no leemos un solo apellido dentro del capítulo donde se estudia evolución. Wallace ocupa varias de las páginas que quizás por muchos años no hicieron justicia a su trabajo.

Si te gustan los documentales históricos, en este video puedes tener una visión en perspectiva de parte de la historia aquí relatada.

Bibliografía consultada:

  • Theodosius Dobzhansky. Nothing in Biology Makes Sense except in the Light of Evolution. The American Biology Teacher (1973) 35 (3): 125–129.
  • Milton H. Gallardo. Alfred Russel Wallace (1823-1913): Obra y figura. Revista Chilena de Historia Natural 86: 241-250, 2013
  • José Luis González Recio. La recepción de los textos de Darwin y Wallace en la Linnean Society. una crónica del silencio. ÉNDOXA: Series Filosóficas, n. o 24, 2010, pp. 61-87. UNED, Madrid.
  • Adversity and Perseverance: Alfred Russel Wallace www.storybehindthescience.org
  • Biología 3era Edición. Scott Freeman. 2009
  • Biología. La vida en la Tierra con Fisiología. 9na ed. T. Audesirk, G. Audesirk, B., Byers. 2013.
  • Alfred Russel Wallace page.
  • González Galli, Leonardo Martín. Obstáculos para el aprendizaje del modelo de evolución por selección natural. Tesis Doctoral Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Universidad de Buenos Aires. 2011.
  • www.smithsonianmag.com

2 Comentarios
  1. guillermina galetto dice

    hola! No puedo ver el vídeo con subtítulos en español. Tendrás algún otro link para verlo?

    1. Cecilia Di Prinzio dice

      Hola Guillermina,
      Te facilito otro enlace para el video https://www.youtube.com/watch?v=vasIci9AMHs. Espero que puedas acceder con éste.
      Saludos,
      Cecilia.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

  Acepto la política de privacidad

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Esta web usa cookies propias y de terceros (tipo analytics) que permiten elaborar información estadística y conocer tus hábitos de navegación. Si continuas navegando, aceptas su uso. Puedes cambiar su configuración, desactivarlas u obtener más información siguiendo este enlace: Más información y Política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies