Los plásticos, una trampa para la vida silvestre

En una revisión publicada recientemente se analiza la ocurrencia de la ingestión de plástico por parte de la vida silvestre y se aborda la pregunta fundamental: ¿por qué los organismos vivos ingieren plástico?

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Las actividades humanas están cambiando nuestro entorno. Junto con el cambio climático y una pérdida generalizada de biodiversidad, la contaminación plástica juega un papel predominante en la alteración de los ecosistemas a nivel mundial. En una revisión publicada recientemente, analizan la ocurrencia de la ingestión de plástico por parte de la vida silvestre y abordan la pregunta fundamental: ¿por qué los organismos vivos ingieren plástico?

Vivimos en un mundo que cambia rápidamente, donde las actividades humanas están alterando nuestro entorno dejando una huella persistente y sustancial en la Tierra. Los impactos provocados por el hombre han movido los parámetros ambientales clave (por ejemplo, las concentraciones atmosféricas de CO2) fuera de los rangos encontrados en el resto del Holoceno, lo que ha provocado afirmaciones de que ahora vivimos en una época geológica diferente; el Antropoceno, que se caracteriza por una variedad de fenómenos globales, que incluyen cambios en el clima de la Tierra y una pérdida global de biodiversidad. El Antropoceno también se destaca por la producción de enormes niveles de contaminación plástica en una escala que, según dicen, dejará registros fósiles.

Orígenes de la industria del plástico

La producción de plástico a escala industrial comenzó en la década de 1940 y aumentó considerablemente en la década de 1950. Allí comenzó la creciente presión sobre los ecosistemas del mundo. Inevitablemente, el aumento de la producción y del uso del plástico fueron seguidos por su acumulación en el medio natural.

Aunque los ecosistemas marinos generalmente se consideran sumideros de plástico, el transporte atmosférico de microplásticos y su intercambio entre el suelo y los cuerpos de agua indican que los océanos son solo un componente del ciclo global del plástico. Algunos ríos muestran concentraciones de microplásticos superiores a las que se encuentran en los ecosistemas marinos, los suelos almacenan más plástico que las cuencas oceánicas y miles de toneladas de plásticos circulan por la atmósfera.

“Albatross at Midway Atoll Refuge” by USFWS Headquarters is licensed under CC BY 2.0

El plástico que consumen los seres vivos

Aunque se ha prestado más atención a los organismos marinos, la ingestión de plástico no se limita solamente a estos animales, sino que también ha sido documentado en varias especies de agua dulce y terrestres. Según la revisión que cito, se ha informado que al menos 1.288 especies marinas y 277 especies terrestres y de agua dulce ingieren plástico, lo que aumenta el total mundial de al menos 1.565 especies hasta ahora descritas. Seguro hay muchas más.

En la figura de abajo muestran, en rojo, el porcentaje de familias de vertebrados en las que se ha documentado la ingestión de plásticos. Cabe destacar que los ecosistemas terrestres y de agua dulce todavía están poco estudiados, lo que puede contribuir a la diferencia que se observa en el número de especies terrestres o de agua dulce identificadas que ingieren plástico en comparación con los ecosistemas marinos.

Porcentaje de familias de vertebrados con ingestión de plástico (barras rojas) documentadas para, al menos, una especie en los sistemas terrestres, de agua dulce y marinos (tomado de Santos et al., Science 373, 56–60, 2021).

Tenemos un problema generalizado de una magnitud alarmante

Este subtítulo mete miedo, sí, pero tómense un minuto para observar la figura de abajo que muestra la omnipresencia de la contaminación plástica. La figura muestra el flujo del plástico y la acumulación en el medio ambiente (flechas rojas). Como ven, los plásticos están circulando por todos los sistemas, están afectando a los animales con diversos nichos y roles ecológicos. Es como otra pandemia.

La omnipresencia de la contaminación plástica (tomado de Santos et al., Science 373, 56–60, 2021).

Los plásticos se fabrican, utilizan y descartan principalmente en hábitats terrestres donde comienza su acumulación en el medio natural. Aunque la investigación sobre la contaminación plástica en hábitats terrestres es relativamente escasa, la evidencia sugiere que puede estar interfiriendo potencialmente con las interacciones planta-polinizador y en la función del suelo al alterar la geoquímica terrestre. Hay evidencias de que los plásticos han sido ingeridos por un grupo diverso de animales terrestres, incluidos insectos, reptiles, aves y mamíferos, desde los trópicos hasta las regiones templadas y polares. La mayoría de las especies informadas están restringidas a paisajes antropogénicos, donde se pueden encontrar grandes volúmenes de desechos plásticos.

Los hábitats de agua dulce son los ecosistemas más amenazados y que cambian con mayor rapidez en la Tierra. Aunque sirven como una vía importante para la propagación de plásticos de la tierra a los océanos, los efectos de estos contaminantes en los organismos y ecosistemas de agua dulce se conocen muy poco.

A pesar del número relativamente bajo de estudios, la ingestión documentada de plástico en organismos de agua dulce varía desde insectos hasta mamíferos, afectando a la mayoría de los órdenes de vertebrados de agua dulce, incluido el 20% de las aves acuáticas y el 27% de las familias de peces. La ingestión de plástico abarca todos los niveles de la red alimentaria, desde los invertebrados que se alimentan por filtración y que pastan hasta los depredadores.

La contaminación plástica está muy extendida en el ámbito marino, y los ecosistemas costeros y oceánicos todavía se consideran el principal sumidero de plástico. El incremento de plásticos en ecosistemas marinos estuvo acompañado por un número creciente de estudios sobre su ingestión por organismos marinos en especies distribuidas desde estuarios tropicales hasta aguas profundas y frías. Los datos sugieren que, para algunos taxones bien estudiados, el consumo de plástico parece estar aumentando con el tiempo y, más alarmante aún, podría existir transferencia trófica, es decir, que especies que consumen plásticos que están en la base de la red trófica podrían distribuir estos plásticos a través del resto de la redes trófica.

“Stop Trashing My Ocean …” by Ingrid Taylar is licensed under CC BY-NC 2.0

La ingestión de plástico es una trampa

Durante las últimas décadas, se ha realizado una extensa investigación sobre la ingestión de plástico en la vida silvestre. Sin embargo, la mayoría de los estudios se han limitado a cuantificar qué especies ingieren plástico. Después de recopilar evidencias que muestran la ubicuidad de la contaminación plástica y sus efectos nocivos sobre los organismos vivos, incluidos los riesgos potenciales para la salud humana, se ha llegado al punto en que se necesita una explicación unificadora para la ingestión de plástico.

En el artículo en cuestión identifican tres factores principales que podrían impulsar la ingestión de plástico: (i) la disponibilidad de plásticos en el medio ambiente, (ii) el umbral de aceptación de un individuo y (iii) la superposición de las señales dadas por los alimentos naturales y los plásticos.

Para explicar el tercer punto, los autores abordan este problema desde una lente ‘evolutiva’ y ecológica; vinculan la ecología, el comportamiento y la evolución, bajo el concepto de ‘trampa ecológica y evolutiva’.

Los organismos se basan en señales ambientales para tomar decisiones sobre el comportamiento y la historia de la vida. Sin embargo, en entornos que han sido alterados repentinamente por humanos, es posible que las señales que antes eran ‘confiables’ ya no estén asociadas con resultados adaptativos. En esos casos, los organismos pueden quedar “atrapados” por sus respuestas evolutivas a las señales y experimentar una reducción de la supervivencia o la reproducción. Las trampas ecológicas ocurren cuando los organismos hacen malas elecciones de hábitat basándose en señales que anteriormente se correlacionaban con la calidad del hábitat. Las trampas ecológicas son parte de un fenómeno más amplio, las trampas evolutivas, que involucran una disociación entre las señales que los organismos usan para tomar cualquier decisión de comportamiento o de historia de vida y los resultados normalmente asociados con esa decisión. Una trampa puede conducir a la extinción si una población cae por debajo de un umbral de tamaño crítico antes de que se produzca la adaptación al nuevo entorno.

El concepto de ‘trampa evolutiva’ se estableció por primera vez para explicar la ingestión de plástico en las tortugas laúd, argumentando que era probable que los plásticos transparentes imitaran a las medusas, su principal alimento. Esta supuesta hipótesis de las medusas se ha aplicado para explicar el consumo de plástico como resultado de una identidad errónea dadas las similitudes en color, tamaño y forma con presas naturales en una amplia gama de organismos marinos, aunque los desechos ingeridos entre individuos a menudo son diferentes en sus características físicas.

Los ecosistemas están cambiando rápidamente en respuesta a múltiples presiones humanas, creando una gran cantidad de plásticos que imitan el alimento, confundiendo a la vida silvestre y atrayendo a los animales a ‘trampas’. En este sentido, los autores consideran la ingestión de plástico como una trampa evolutiva, donde la aparición repentina de plásticos en el medio ambiente crea varias opciones de bajo (o nulo) beneficio que imitan las señales de los alimentos. Esto desencadena una respuesta de comportamiento de alimentación que es, desde luego, negativa en términos adaptativos.

Esta “trampa de la ingestión de plástico” de la que hablan los autores afecta gravemente la viabilidad de las poblaciones. Es urgente y necesario que, además de parar esta pandemia plástica, se identifiquen individuos, poblaciones, y especies que están en mayor riesgo.

Este tema es inquietante y me deja una sensación vacía que me recuerda a este dicho de sabiduría indoamericana: “Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero.” Dejo libre a tu imaginación la adaptación de este dicho para este dramático problemón que tenemos.

Bibliografía consultada:

-Santos RG, Machovsky-Capuska GE, Andrades R. Plastic ingestion as an evolutionary trap: Toward a holistic understanding. Science. 2021 Jul 2;373(6550):56-60. doi: 10.1126/science.abh0945. PMID: 34210877.

-Martin A. Schlaepfer, Michael C. Runge, Paul W. Sherman. Ecological and evolutionary traps. Trends in Ecology & Evolution. 2002, 17 (10): 474-480. https://doi.org/10.1016/S0169-5347(02)02580-6.

Foto de portada:

Justin Hofman, finalista del Widlife Photographer of the Year 2017.

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